Cual prostituta vieja y solitaria se maquilla por la noche con una sonrisa muerta que no despierta pasión ni en el miserable mas solitario perdido en el mar. Cual madera gastada por el invierno, llena de grietas y llantos de humedad. Me recorre el cuerpo un frío galopante, que golpea mi pecho para hacerse parte de la rutina, parte de la costumbre tal cual me convertí yo.
No soy mujer vaga que se pierde en la muchedumbre... yo grito! y no pretendo desmembrarme para cobijar tu cuerpo y ahondar en mis heridas. Me cansa, me duele, me enferma, me estremece saberme incipiente y desechable.